Por Eugenia Akopian
(Para Revista Tecla Eñe)
Marzo de 2014
Brevísima introducción, contexto histórico
Existen varias realidades detrás de un hecho configuradas por las sociedades, los actores sociales y, sobre todo, por los medios de comunicación. La lucha por su posesión es de antaño y, últimamente, ha tomado una mayor visibilidad.
En los años 70, el Movimiento de Países No Alineados intentó establecer el Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC). Este trataba de aproximarse a una nueva distribución de las fuerzas de la comunicación y, para ello, proclamaba contemplar cuestiones que hasta ese momento no habían sido consideradas. Tras estos debates, se conformó la Comisión Mac Bride y el posterior Informe Mac Bride que evidenciaba el desequilibro de la información que favorecía a las potencias mundiales. Estas emitían un mismo mensaje que dejaba en amenaza al resto del mundo y ejercía una dominación cultural: la desigualdad, primordialmente económica, también se extendía al ámbito de la información y generaba el fenómeno denominado «colonialismo informativo». De esta forma, se puso en el tapete el grave problema del flujo unidireccional que transmitía el mensaje y contenidos occidentales junto a sus agencias de noticias. En este sentido, se revalorizó y destacó el rol de la sociedad civil en los procesos: un agente capaz de generar cambios al asumir su rol activo.
El cuarto poder
Actualmente, los medios de comunicación masiva relatan, entre otras cosas, los sucesos ocurridos mundialmente. Gracias a la evolución tecnológica, hoy podemos saber de forma inmediata, lo que acontece en cualquier parte del planeta. Y, en este punto, cabe preguntarse de qué forma obtenemos esa información: quiénes la distribuyen, cuál es su objetivo, cuál es su mensaje. Y ya que nos hacemos preguntas, reflexionemos por qué los medios se han configurado como el cuarto poder.
Modificar acontecimientos, recortar una realidad, tomar fotos, retocarlas y hacer creer un hecho se han tornado costumbres fáciles; conductas que se han naturalizado en la práctica periodística: y esto no es nuevo. También se ha posicionado a los medios como relatores de la verdad con la consigna “lo vi en la tele/lo leí en el diario, tiene que ser así”, anulando, consecuentemente, toda capacidad analítica y crítica. Como caso emblemático, podemos nombrar la lectura de “La guerra de los mundos”, de H. G. Wells, en una radio neoyorkina en 1938: en una emisión, el guión adaptado por Orson Wells, relataba cómo el país era invadido por extraterrestres. Inmediatamente, el pánico cundió entre los oyentes y la ciudad se convirtió en un caos. Queda claro que sería un error subestimar el poder de los medios, pues la ciudadanía tomó ese cuento como un hecho de la realidad, haciendo alusión a la premisa nombrada anteriormente. En tiempos actuales, no podemos pecar de esa inocencia y debemos asumir que los medios “objetivos” o “imparciales” no existen. Todo medio de comunicación comporta una línea editorial; todos conllevan una ideología y una intención.
Hoy en día, tenemos el aditivo de las redes sociales, un arma de doble filo que, como toda creación humana, depende del uso que se le dé, sirve para tales o cuales objetivos. En la labor de informar durante los conflictos, han tenido un rol destacado. Por ejemplo, durante diversos acontecimientos sociales, han servido como medios para organizar movilizaciones, como en el caso de las protestas estudiantiles en Chile. En los sucesos más recientes en Venezuela,Alba Ciudad ha publicado varios casos de tergiversación mediática: se utilizaron fotografías de otros hechos, hasta escenas de películas pornográficas, e hicieron creer que correspondía a lo sucedido en ese país. Sin ir más lejos, en Argentina basta con leer dos diarios y ver cómo una misma noticia es abordada desde puntos de vista distintos que apuntan a configurar una cierta realidad, acorde a ciertos intereses.
El lobby azerí
Para seguir esta matriz ideológica de imposición de realidades, se puede destacar el empeño de, tanto Turquía como Azerbaiján, respecto al negacionismo de su responsabilidad asesina frente a Armenia y Nagorno Karabakh.
El Estado turco se empeña en negar su responsabilidad en el genocidio cometido contra el pueblo armenio durante 1915-1923; a casi cien años de la masacre que se cobró la vida de millón y medio de personas, Turquía no se hace cargo de su plan de exterminio y su pasado asesino. (Para obtener más detalles sobre este tema, ver la edición del6 de mayode 2012 de esta revista).
En febrero se cumplió un nuevo aniversario de los lamentables hechos que luego serían conocidos bajo el nombre de “Pogrom de Sumgait”. El 27 de febrero de 1988, grandes grupos azeríes se organizaron con el objetivo de eliminar a los armenios que allí vivían. En esta ciudad, armenios y azeríes convivían pacíficamente en la era de la Unión Soviética, pero fruto del chovinismo y la intolerancia, las hostilidades hacia los armenios crecían conforme avanzaba la década del 80. Esta imposición de la injusticia y la demostración de un estado de incultura feroz, decantaron en 300 víctimas fatales, la destrucción total de viviendas, deportaciones. Entrados los ‘90, la población armenia apenas llegaba a un 3%, gracias a las políticas de limpieza étnica que propiciaba el gobierno azerí. (Para obtener más detalles sobre este tema, ver la edición del30 de agosto de 2012 de esta revista).
Desde entonces y hasta ahora, la política azerí signada por la xenofobia, se manifiesta en cada violación del cese de fuego en la frontera, en la muerte de cada joven soldado y hasta en palabras de su propio presidente: “Nuestros principales enemigos son los armenios de todo el mundo y los políticos hipócritas y corruptos bajo su control”[1], al lanzar estos peligrosos mensajes, alentando la violencia étnica. Hoy, Azerbaiján continúa perpetrando ese plan genocida inicial que comenzó el Imperio Otomano.
Para ejemplificar su barbarie, basta con nombrar el caso Margaryan. En febrero de 2004, el teniente armenio Gurgen Margaryan fue brutalmente asesinado, a hachazos, por su par azerí, Ramil Safarov. El hecho sucedió en Budapest, durante un seminario de entrenamiento de la OTAN, parte del programa Asociación para la Paz, ¡vaya paradoja!
Cerca de las cinco de la mañana, el azerí irrumpió en la habitación de Margaryan y, cobardemente, lo atacó mientras dormía.
“Vi a un compañero de azerí con un hacha en sus manos. Me levanté de la cama y le grité: ‘¡Basta! ¿Qué estás haciendo? ‘Cuando vi que Gurgen estaba acostado de espaldas y su cabeza y cuello sangraban, entré el shock. El azerí se dio vuelta y me dijo que no tenía ningún problema conmigo y que no me iba a tocar, mientras dio algunos golpes más y luego se fue. Había una expresión en su rostro, como si se alegrara de haber terminado algo importante”[2], declaró Kuti Balazs, testigo ocular del hecho y compañero de cuarto de Margaryan. En 2006, el tribunal condenó a Safarov a cadena perpetua sin posibilidad de apelación hasta el año 2036. Sin embargo, en agosto de 2012, sorpresivamente, las autoridades húngaras acordaron liberar y extraditar a Safarov a Azerbaiján para que cumpla el resto de su condena allí (¿a cambio de qué?). Al arribar Bakú, inmediatamente, el presidente Ilham Aliyev indultó al asesino, lo ascendió de rango y le brindó alojamiento.
En seguida, instituciones como Amnesty International se proclamaron consternadas ante este hecho: “Indultando a Safarov, el presidente Aliyev señala a los azeríes que la violencia contra los armenios no sólo que es aceptable, sino también recompensada”[3].
Este Estado, este gobierno corrupto y con grandes manchas en su historia, con asesinatos acuestas y tergiversación de hechos, intenta mostrarse ante los ojos del mundo como un país benévolo y gran destino turístico. Pero, por supuesto que sin reconocer las graves y constantes violaciones a los Derechos Humanos, ni atrocidades, ni Pogroms, ni el derramamiento de sangre que han producido; pues sin asumir su pasado y presente real. Y todo llevado adelante con dinero. Para ejemplificar esto, simplemente, podemos mirar el campeonato de fútbol español y ver la camiseta de Atlético Madrid: en el pecho se lee “Azerbaijan, land of fire”.
Este es un caso más que claro cuando el dinero, los petrodólares azeríes, configuran e imponen una realidad que se adecúa a los intereses de ciertos grupos político-económicos. De esta forma, prima el punto de vista de los que controlan los medios de comunicación, es decir, la clase dominante. Esta manipulación de la información opera íntegramente en el ser humano: desde lo racional, intelectual hasta la sensibilidad.
Tomar protagonismo: ser agentes de cambio
El paradigma actual está atravesado por la lucha por el control de los medios; pues se da en distintos países con distintos escenarios, pero con la misma matriz ideológica. Lamentablemente, un punto de vista y determinado poder económico termina primando por encima de los derechos básicos del ser humano. Por ello es que la discusión gira en torno a los medios, en el mensaje que emiten y la ideología que transmiten. Porque la formación de líderes de opinión, la configuración de un relato y la imposición de una situación comienza por ellos.
En resumen y en palabras de Aram Aharonian, “…hoy ya no hacen falta bayonetas, sino que alcanza con el control de los medios masivos”[4]. En este sentido, se hace necesaria la presencia de los medios alternativos al mensaje hegemónico, la pluralidad de voces y la democratización de los medios.
Debemos comprender que la sobreinformación ha ganado terreno y mantenernos informados es nuestra responsabilidad; no dejemos que otros piensen por nosotros y no creamos todo lo que vemos o escuchamos. Revisemos la historia, analicemos. Desarrollemos nuestra capacidad de pensamiento crítico. Cuestionemos.
[1] Closing Speech by Ilham Aliyev at the conference on the results of the third year into the “State Program on the socioeconomic development of districts for 2009-2013”http://en.president.az/articles/4423 [2] Declaración de Kuti Balazs, compañero de cuarto de Margaryan y testigo del hecho.http://budapest.sumgait.info/ [3] Declaración de Amnesty Internationalhttp://www.amnesty.org/en/library/asset/EUR55/015/2012/en/8e84f955-9f8f-488c-ad34-c68a744b6878/eur550152012en.html [4] Aram Aharonian, creador de TeleSUR para Infonews, 02/03/14http://www.infonews.com/2014/03/02/sociedad-127245-una-revolucion-en-los-medios.php