La modernidad se presenta ante nosotros como lo cotidiano. Ella está pero se esconde. Se manifiesta pero se oculta. La ambivalencia es una de sus características: niega y afirma. Es el presente.

El mundo moderno impuso cambios radicales a la condición humana: el sujeto se volvió individuo: El pensamiento individualista se impuso olvidando el significado de “vivir en sociedad” y el significado de los lazos sociales. El ego cubrió el sentimiento ocultándolo en el fondo y cada vez que el sentimiento se manifiesta, vuelve al sujeto frágil y vulnerable: es mejor ocultarlo y escapar de la exposición. Complejiza al hombre, tiñendo sus pensamientos de rompecabezas y esquemas irresolubles.
Detrás de su aparente promesa de evolución, se presenta todo un sistema, toda una ideología avalando esta modernidad.
Transforma los lazos sociales en meras herramientas, provocando miedo cuando nos encontramos ante verdaderas relaciones humanas.
En resumidas cuentas, significa la escisión del sujeto de su propio yo.