2994ba32_001_ah_1200x480

Historias a través de un lente

Ella es una joven fotoperiodista que muestra las crisis humanitarias que se viven en distintas partes del mundo. Adriane Ohanesian ha desafiado varios límites y ha documentado la guerra civil en Sudán del Sur, la lucha armada en Somalia, Darfur y en Burundi. Con sus impactantes imágenes le contó al mundo la frágil vida de los refugiados de Sudán del Sur y la situación en las montañas de Nuba, en Kordofan.

En marzo de este año, una de sus fotografías recibió atención mundial. La devastadora imagen da cuenta de uno de los costados más oscuros del ser humano: Adam, un niño sudanés de siete años con graves quemaduras, luego de que una bomba alcanzara las cercanías de su casa, en Burgu, Darfur Central. Se titula “Las montañas olvidadas de Sudán” (The Forgotten Mountains of Sudan”) y obtuvo el segundo premio de la categoría Problemas Contemporáneos del prestigioso concurso anual de la organización World Press Photo. “La fotografía fue tomada mientras íbamos al corazón de las montañas. Nos detuvimos en este pequeñísimo pueblo que había sido bombardeado hacía una semana, donde un chiquito resultó herido. La remera quemada de Adam aún estaba en el suelo”, recuerda Ohanesian. La imagen recorrió el mundo y la problemática de Sudán cobró una mayor visibilidad, pero haber ganado y estar en primera plana le genera cierta ambivalencia a Adriane; “Casi no se qué sentir. Estoy orgullosa por haber podido estar ahí y traer algo de evidencia de lo que pasa, pero por otro lado, esa es la realidad que vive la gente: son personas reales con vidas reales. Lo terrible es que algunos de estos territorios y estas personas que estuve visitando, quizás ya no estén más, quizás fueron desplazadas nuevamente o lo sean”.

195626dd_adrianeohanesian_photo5

"Las montañas olvidadas de Sudán", de Adriane Ohanesian ganó el segundo premio de la categoría 'Problemas Contemporáneos' del concurso anual de World Press Photo, 2016.

De los rascacielos de Manhattan a las montañas de Sudán

Todo comenzó como un juego. La mamá de Adriane tenía una vieja cámara que llamó la atención de la entonces adolescente. Pero fue recién en la universidad cuando el juego se tornó serio y ella comenzó a contar historias a través de su lente. Al momento de hacer su tesis de grado en antropología, que consistía en un ensayo fotográfico, viajó a Indonesia, donde estudió el rol de la mujer en la vida religiosa de esa sociedad y se dio cuenta de que podía usar su cámara como instrumento para explorar la vida de las personas. Ese ensayo fotográfico le abrió las puertas de escuela de fotografía “International Center of Photography” de Nueva York. Después de recibirse, en 2010, llegó por primera vez a Sudán y allí comenzó otra historia.

Adriane es descendiente de armenios; sus bisabuelos paternos fueron sobrevivientes del Genocidio Armenio y, tras escapar de las matanzas en el Imperio Otomano, su bisabuela llegó a Constantinopla, mientras que su bisabuelo logró escapar a la Argentina, donde trabajó en la construcción de las vías del ferrocarril y luego fue a los Estados Unidos. Ella, es parte de la tercera generación de la familia en Estados Unidos; nació en Saratoga Springs, Nueva York y actualmente vive en Nairobi, Kenya. Su intención inicial no era cubrir las emergencias humanitarias, ni mucho menos, fotografiar territorios bombardeados; “terminó sucediendo”, dice ella. En 2010, registró el proceso de votación del referéndum que determinaría si Sudán del Sur se unía al norte o si establecería su independencia. “Mi intención era ir a fotografiar o comenzar a hacerlo, no estaba segura, pero quería intentarlo al menos”. Lo intentó y lo logró. “No es que estaba interesada en conflictos, sino que estaba en un lugar que había sido mi hogar desde hacía dos años y estaba siendo sumergido en un conflicto. Conocía a la gente, comprendía un poco sobre su cultura y de repente se vio envuelto en violencia y yo no podía no hacer nada”, cuenta Ohanesian. Para costear sus viajes, trabajaba como niñera en Manhattan y vivía en un frecuente contraste entre dormir en carpas y estar sin electricidad en Sudán, a cuidar niños en Nueva York. En 2012 se convirtió en corresponsal de la agencia Reuters y sus reveladoras fotos evidenciaron la realidad de África. Al poco tiempo, prestigiosos medios de comunicación, como la revista Time, Al Jazeera, The Wall Street Journal y National Geographic, hicieron eco de su trabajo.

a3b9d868_adrianeohanesian_photo16

Adriane en plena acción - fotografiando una casa que acaba de ser bombardeada por el gobierno sudanés, dentro del territorio controlado por los rebeldes en Kordofán del Sur, Sudán. 2012

Esperanza en las montañas

Actualmente, Sudán del Sur enfrenta una grave crisis humanitaria. Luego de años de lucha, la población mayoritariamente cristiana de Sudán del Sur festejó, en 2011, el referéndum que le otorgó la independencia de Sudán del Norte, de población mayoritariamente musulmana. Menos de seis meses más tarde, un enfrentamiento de poder entre las etnias dinka y los nuer generó un violento estallido armado que, según la ONU, ha dejado a más de 2,4 millones de personas desplazadas. A pesar de que en 2015 se firmó un tratado de paz, el cese de fuego ha sido violado incontables veces y el conflicto aún continúa. “Sudán del Sur es un lugar extremadamente difícil. Tiene un clima extremo y si querés electricidad, necesitás un generador, si querés agua, necesita ser bombeada. Es como retroceder en el tiempo; la gente vive como lo hacían miles de años atrás en las montañas, en la intemperie. Pero muchas de estas personas han sido desplazadas de sus hogares, escaparon del conflicto armado o sus pueblos fueron destruidos; en su mayoría son mujeres y niños. Algunos de los pocos que lograron llegar más arriba, viven en cuevas, para esconderse de los bombardeos. Muchos de ellos han sido víctima de violencia sexual, mujeres y niñas fueron violadas por las fuerzas del gobierno y sus milicias. No hay recursos. Algunos civiles pudieron llegar a las bases de la ONU o a los campos de refugiados. Por lo menos ahí pueden tener refugio y comida”, describe Adriane.

Allí mismo, en las montañas de Nuba, Adriane conoció y fotografió al Dr. Tom Catena, un médico estadounidense que atiende en Mother of Mercy Hospital y fue uno de los finalistas del Premio Aurora inaugural. Él es el único doctor que está radicado de manera permanente cerca de la frontera de Sudán con Sudán del Sur y por lo tanto es responsable de la asistencia médica de más de 500.000 personas de la región. “Literalmente, él le devuelve la vida y les salva la vida a las personas. El trabajo que hace no se puede comparar con nada más. Para esa comunidad, él es, realmente, un salvador. Fue un honor conocerlo, me parece increíble que él se despierte todos los días y haga este tipo de trabajo”, cuenta Ohanesian. A pesar de haber sufrido varios bombardeos por parte del gobierno sudanés, el Dr. Catena vive en el predio del hospital para poder estar de guardia en todo momento.

“La mayoría de las cosas suceden en un momento”

Adriane dejó la comodidad de su casa de los Estados Unidos y hoy arriesga su vida al entrar, sin permiso, a territorios controlados por el gobierno para llegar a suelo rebelde, “que son como una isla en medio del mar del gobierno. Una vez que llegamos a territorio rebelde, es un poco más seguro”, cuenta. Ella va en busca de historias, de testimonios y de evidencias. “Llegué a estos lugares para cumplir mis tareas de periodista y tengo el privilegio de hacerlo. Tengo la esperanza de que estas imágenes compartan la información y eso ayude de alguna manera. Ojalá puedan ser útiles para cambiar ciertas políticas, para dejar de apoyar a gobiernos que ayudan al régimen de Sudán ó, quizás, sean útiles para mostrar la situación de Sudán”, dice Adriane esperanzada.

17038095_adrianeohanesian_photo9

Migrantes etíopes viven bajo un árbol, en las afueras de la ciudad de Obock, Djibouti, mientras esperan a ser trasladados, ilegalmente, en un barco a Yemen y, finalmente, encontrar su camino a Arabia Saudita en busca de trabajo. 12 de enero de 2016. Adriane Ohanesian.

Con su tenaz dedicación para mostrar la realidad, Ohanesian ha sido premiada en varias ocasiones. En mayo de este año fue galardonada con el Premio al Valor en Fotoperiodismo Anja Niedringhaus, distinción que reconoce el coraje de mujeres fotoperiodistas que arriesgan su vida para documentar conflictos. Además, ha sido reconocida por National Geographic, Getty Images, LensCulture, entre otros.

Adriane afirma que la fotografía tiene poco de azar y no se trata de, simplemente, apretar un botón para captar un momento. “Nunca sabés con qué te vas a encontrar, ni cuando alguien hará un gesto. Muchas veces reacciono ante una situación con mi cámara. Diría que la mayoría de las cosas suceden en un momento”, afirma y concluye, “No es fácil conseguir una imagen especifica o tener acceso a algo en particular. Lleva tiempo y necesitás paciencia. Si tenés esperanza y sos paciente, serás recompensado con esa situación y esas imágenes que buscás. Pero también a veces puede fallar”, cuenta sonriendo.

1632fe73_adrianeohanesian_photo11_headshot

Adriane Ohanesian

¿Una imagen vale más que mil palabras?

“Creo que vale mil palabras diferentes. Me refiero a que hay muchas formas de interpretar las palabras; tenemos distintos lenguajes y vocabularios, pero la imagen vale mil palabras porque cada uno tiene sus propias palabras para describir lo que sus ojos ven y eso es lo que más me gusta; podemos mirar la misma fotografía pero describirla con distintas palabras o significaciones; cada uno es libre para interpretar una imagen”.

Imagen de portada: Mujeres y niños sentados afuera de una cueva, donde han huído de los bombardeos de las fuerzas del gobierno sudanés, en el interior del territorio controlado por los rebeldes, en Darfur Central, Sudán. 2 de marzo de 2015. Adriane Ohanesian.

Nota en Aurora Prize