Por la sanación de las mujeres
Los años 90 fueron tiempos convulsionados para gran parte del continente africano. Genocidios, guerras y conflictos armados azotaron África y escribieron algunas de las páginas más oscuras de la historia. Se cometieron gravísimos crímenes contra la humanidad; limpieza étnica, torturas y violaciones masivas. Sin embargo, hay héroes anónimos que todos los días arriesgan su vida para llevar alivio a los más vulnerables durante estas emergencias humanitarias. Y eso es lo que hace el Dr. Denis Mukwege, un médico ginecólogo congoleño que se especializa en el tratamiento de mujeres que fueron víctimas de violencia sexual.
Transformar el dolor en poder
Los conflictos armados estuvieron a la orden del día en la actual República Democrática del Congo (RDC), conocida como República de Zaire entre 1971 y 1997. La Primera Guerra del Congo se dio entre 1996 y 1997, después del cual el país adquirió su denominación actual. Pero la paz duró poco. Entre 1998 y 2003 se desató La Segunda Guerra del Congo, un conflicto que, según investigaciones, dejó 4 millones de víctimas; la mayoría muró de inanición y de enfermedades prevenibles y curables. Una de las terribles prácticas que dejó esta sangrienta guerra fue el uso de la violación como arma de guerra: las mujeres fueron reducidas a esclavas sexuales y eran torturadas.
Durante el conflicto, el Dr. Denis Mukwege y su equipo transformaron una pequeña casa de la región de Panzi en una clínica: “Nuestra primera paciente fue una mujer cuyos genitales habían recibido el disparo de un arma de fuego. Primero pensamos que se trataba de un acto aislado de locura de algún rebelde, pero desde entonces, el número de víctimas de violencia sexual que vienen al Hospital Panzi siguió aumentando. Estábamos frente a un trauma sin precedentes y necesidades quirúrgicas que ni siquiera se sabían o se enseñaban en el campo de la medicina”, cuenta Mukwege.

Doctor Denis Mukwege
Día a día, las pacientes del Hospital Panzi aumentaban. Miles de mujeres en situación de vulnerabilidad buscaban, desesperadamente, la ayuda del Dr. Mukwege. Habían sido víctimas de violaciones en grupo, de mutilación genital, sufrían de fístula vaginal y, muchas de ellas, habían contraído enfermedades de transmisión sexual como el SIDA. El Dr. Mukwege llegó a practicar hasta diez cirugías al día, durante 18 horas de trabajo. Así la clínica que estaba destinada a asistir a mujeres embarazadas, dio un giro drástico: de ahora en más atenderían a las víctimas de violencia sexual extrema. Rápidamente, se montó una estructura con asistentes sociales que brindaban apoyo psicológico como complemento de los cuidados médicos que las mujeres ya habían recibido.
Luego de ser dadas de alta del Hospital Panzi, las pacientes debían enfrentar otro desafío: el estigma social . En países africanos, muchas víctimas son rechazadas por sus familias y amigos y son abandonadas. Frente a esto, la organización creó una casa de recuperación: Maison Dorcas o City of Joy (Ciudad de la Alegría). Allí, las mujeres continúan recibiendo apoyo psicológico y educación para fortalecer su capacidad y su camino hacia la autonomía. Asisten a talleres donde aprenden diferentes oficios, estudian computación, inglés y también reciben tratamiento terapéutico a través de la música o la danza. “Allí les enseñamos a transformar su dolor en poder y a convertirse en líderes de sus comunidades”, sostiene el Dr. Mukwege. Además, la organización ha creado un programa llamado “A roof for the survivors” (Un techo para los sobrevivientes), que les ayuda con la construcción de su propia casa, para romper con la creencia de que las mujeres eran y siempre serán dependientes de alguien.

El jardín interno de Maison Dorcas
La guerra terminó pero el flagelo de las violaciones en la República Democrática del Congo aún continúa. Muchas mujeres, incluyendo niñas de entre 6 meses y 11 años, han estado internadas en el Hospital Panzi para recuperarse de severos daños. Un dato aún más aterrador es que sólo en contadas ocasiones se encuentran culpables. “La falta del estado de derecho empeora las cosas. Los sobrevivientes pueden recuperarse física, mental y económicamente, pero no obtienen justicia y reparación por las atrocidades a las que fueron sometidas y los autores de los crímenes permanecen libres”, explica el Dr. Mukwege. Para ayudar a frenar este ciclo de violencia, la Fundación Panzi ofrece apoyo legal para juzgar a los autores en los tribunales.

Jóvenes mujeres durante la sesión de terapia musical en Maison Dorcas
La pregunta que le cambió la vida
El Dr. Denis Mukwege supo que quería ser médico cuando acompañaba a su padre, pastor pentecostal, a visitar a un niño enfermo por quien rezaba. Una vez le preguntó por qué no le daba alguna medicina y su padre le respondió que estaba imposibilitado para recetar medicamentos, que sólo los médicos estaban autorizados a hacerlo. Tras esa pregunta, afloró la vocación de Denis: al ser médico, podría complementar las oraciones de su padre. Ya devenido en médico, vio cómo muchas mujeres morían al dar a luz y eso fue determinante para su decisión de especializarse en ginecología y obstetricia.
Trabajó en el hospital de Lemera hasta que fue destruido durante la guerra en 1996 y, luego, abrió una clínica en Bukavu para brindar asistencia a mujeres embarazadas. Debido a la situación de emergencia y la falta de recursos, improvisó unidades de atención médica con carpas. Al poco tiempo, se libró la Segunda Guerra del Congo y las carpas fueron arrasadas. En 1999 el Dr. Muwege y su equipo se trasladaron a Panzi y comenzó otra historia.

Una joven y su hijo en Maison Dorcas junto con el jardinero del lugar
En busca de la igualdad de género
Durante la última década, Denis Mukwege ha sido amenazado de muerte en reiteradas ocasiones; desde mensajes anónimos a un intento de asesinato. En 2012 en una violenta irrupción, él y su familia fueron amenazados a punta de pistola en su propia casa. En ese episodio, su amigo y guardaespaldas fue baleado. “Los riesgos son elevados, sobretodo para mi vida y la del personal médico del Hospital Panzi y Maison Dorcas. Los miembros de nuestro personal han sido secuestrados, golpeados, violados, o incluso muertos”, cuenta Mukwege. Pero esto no asustó al médico ginecólogo: atendió a más de 30.000 sobrevivientes de la violencia sexual y las empoderó al darles herramientas para continuar su vida cotidiana, a pesar de haber vivido una situación traumática.
Además de trabajar en el hospital, Denis da clases en la Universidad Evangélica de África, donde es decano de la Facultad de Medicina y también es docente en City of Joy, donde día a día ayuda a miles de mujeres a rehacer su vida.

Telas que se usan en uno de los talleres de costura en Maison Dorcas
La violencia sexual no se limita a los países africanos. Según la ONU, el 35 por ciento de las mujeres de todo el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual, unas 120 millones de niñas de todo el mundo (algo más de 1 de cada 10) han sufrido relaciones sexuales forzadas en algún momento de sus vidas y se estima que 200 millones de niñas y mujeres han sufrido algún tipo de mutilación/ablación genital femenina en 30 países.

Una joven en los pasillo de Maison Dorcas
La sociedad civil puede ser el motor de cambio para solucionar las problemáticas de la desigualdad de género en todo el mundo. “No podemos permanecer de brazos cruzados mientras haya mujeres siendo destruidas en alguna parte del mundo”, sostiene el Dr. Mukwege y afirma, una vez más, su convicción y compromiso con los derechos de las mujeres al concluir que “Para erradicar los abusos y la violencia, tenemos que garantizar que todas las comunidades entiendan y estén de acuerdo en la igualdad de derechos de los niños y niñas, de los hombres y de las mujeres. Tenemos que erradicar la percepción de que el género masculino es superior al femenino; eso tiene que ser observado y subrayado desde la infancia. Sólo entonces podremos crear una sociedad mejor donde haya menos prácticas abusivas contra las mujeres y el respeto mutuo entre los géneros”.
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