“Mejor charlemos sin grabadores ni esas cosas porque es muy interesante hablar con vos”, me dijo después de preguntarme sobre Armenia, su historia y algunas cuestiones de política internacional.

Tenía 26 años y, sin querer, ya había dado algunos pasos en esto del periodismo. Era un día gris con algo de bruma, el invierno estaba cerca. Siempre me voy a acordar del jueves 20 de mayo de 2010. Ese fue el día que uno de los autores más grandes de la literatura latinoamericana me concedió una entrevista. Pero para mí eso implicaba mucho más que una “entrevista importante” en lo profesional. Soy una de las tantas millones de personas que leyó Las venas abiertas de América Latina y esa lectura fue una de las semillas de mi despertar político estando en 4to año del colegio. Me pasaba horas leyendo sus libros y otras horas escuchándolo por la tele. Ahora tenía la oportunidad de hablar con él, cara a cara, expresarle mi admiración y llevarme la dedicatoria en un libro. Algo difícil de creer.

Antes que nada, me pidió que no lo trate de Usted, que lo tutee y me citó en su querido bar Bacacay, frente al Teatro Solís. Charlamos de todo. Le hice muchas preguntas y las respondió con paciencia. Confieso que durante los primeros minutos se me hizo imposible prestar la debida atención. Volaba. Respiraba por inercia y un cosquilleo me invadía el cuerpo. Sentía ansiedad, también felicidad. Quizás, esa sea la sensación de cuando un gran sueño se hace realidad.

Él estaba curioso por mis orígenes y también hizo sus preguntas. Resultó ser que teníamos en común a una gran persona y periodista. Me contó cómo empezó a trabajar en este mundo, sus años durante la dictadura, sobre el Frente Amplio, su amor por Montevideo y también sobre su perro y gran amigo Morgan. Cuando hablaba sobre cuestiones cotidianas, esas palabras también llevaban el sello de su escritura.

Algunos meses más tarde, en uno de sus emails, me invitó a compartir un rato en su café predilecto, El Brasilero, que estaba cerrado aquel lluvioso día de mi primera entrevista con él. Y como me lo escribió en la primera hoja del libro Espejos, “esta manera de seguir charlando”. Gracias por tu legado, por tus libros, por tu magia, por tu humildad de los grandes. Galeano eterno.

Acá la entrevista del 20 de mayo de 2010.