Llegar a un nuevo país implica muchas cosas. Muchísimas. Eso incluye el gran desafío de aprender un nuevo idioma. Nunca había pensado en estudiar alemán, bueno, en realidad había pensado en no hacerlo porque antes quisiera aprender otras lenguas. Pero así es la vida, te demuestra que no todo es como lo planeamos. Y acá estoy, en Zúrich, estudiando alemán suizo o Schwyzerdütsch; sí, así se llama el dialecto que se habla en Suiza que, además, tiene variantes en cada región del país. No voy a decir que es sencillo, porque no lo es. Sí, me he frustrado (y se que me seguiré frustrando) y desanimado. Pero un día pasó algo que me hizo pensar. Una vez, una señora me dijo algo en la calle, le entendí, le respondí naturalmente y seguí caminando. Unos pasos más adelante me di cuenta de todo lo que había sucedido y lo que eso implicaba. En pocas palabras, diré que en ese momento superé una barrera y fue gracias a esa amable señora que llevaba un bastón. Creo que siempre me voy a acordar de esa situación. De hecho, recuerdo que era un día primaveral, las lilas habían florecido y yo llevaba mi pashmina verde porque el viento del invierno aún no se quería ir.
A veces, los pequeños logros que en lo cotidiano pasamos por alto, son la motivación que necesitamos para seguir.