La tradición es una transmisión de costumbres, una manera de inmortalizar la cultura. Y si hablamos de tradiciones, hay una que es particularmente celebrada en la ciudad de Zúrich. Se trata de Sechseläuten, el festival de la primavera que se festeja desde hace unos 500 años. Inicialmente, fue la fiesta de los gremios con una cierta raíz pagana, pero hoy lo celebra toda la ciudad, incluidos los turistas que se acercan con ojos curiosos.

Por lo general, el gran día es el segundo lunes de abril y desde el viernes previo ya comienzan los festejos. El plato fuerte comienza el domingo en el rincón más antiguo de la ciudad, con un desfile protagonizado por los más chicos, quienes ofrecen diversos espectáculos, pero el lunes es el día culmine. Tanto que ese día es feriado a partir del mediodía y muchas empresas optan darle la jornada completa a sus empleados. Por sí solo, este gesto demuestra la importancia de la fiesta, ya que en Suiza hay, tan solo, unos nueve días que son feriado nacional.

El lunes de Sechseläuten comienza desde las 3 de la tarde con el desfile de los gremios. Cientos y cientos de personas salen con sus trajes típicos de época que representan a los diferentes gremios de la ciudad. Unos 500 caballos, carruajes y bandas de música acompañan su caminar. Pasan a lo largo de Banhofstrasse, la avenida más importante del centro y considerada una de las más caras ya que aquí se extienden las tiendas de exclusivas marcas y diseñadores internacionales. A lo largo de la avenida y cerca del cordón, se ubican bancos de madera que simulan ser gradas para ver el espectáculo. Con anticipación, se pueden adquirir los asientos para la primera y segunda fila. Mientras las caravanas siguen su camino por Banhofstrasse, la multitud los acompaña por la vereda. En ese caminar, es imposible no tentarse con el aroma de las típicas salchichas suizas llamadas cervelat, las salchichas blancas y muchas otras que se van asando en los puestitos que se dispersan a lo largo de esta procesión. Claro que la cerveza local es la gran acompañante del momento. Todo esto sucede mientras los representantes de los gremios se dirigen a Sechseläutenplatz, la plaza frente al Teatro de la Ópera de Zúrich, que está dedicada especialmente a este ritual. Allí sucede el gran espectáculo, la simbólica despedida del invierno que le da la bienvenida oficial a la primavera: es el momento de la quema del Böögg, a las 18 horas. El Böögg es un gran muñeco de nieve y personifica, claro, al invierno. Se encuentra en la cima de una gran plataforma y a las 6, en punto, comienza la ceremonia: se prenden fuego las ramas de la base y con el correr de los minutos las llamas alcanzan al Böögg. Aquí hay una tradición de predicciones meteorológicas: Según la leyenda, el tiempo que tarda desde que se prende la fogata hasta que explota la cabeza del Böögg, predice cómo será el verano. Si es un proceso rápido, vendrá un verano cálido, en cambio, si el proceso es lento y largo, el verano será frío y lluvioso. Este año tardó 20 minutos, 30 segundos. El tiempo ha ido variando con los años: por ejemplo, en 2014 fue de 7 minutos, 23 segundos y en 2016 fue de 43 minutos, 34 segundos. Cuando termina este espectáculo, comienza otro. Ahí mismo, y en las brasas que deja el ritual del Böögg, se hace una gran parrilla y así, se la da comienzo a la temporada de asados.

El origen de esta costumbre es añeja y se entremezclan tradiciones medievales y otras más modernas, dándole lugar a tres explicaciones. La primera está íntimamente ligada a los gremios de Zúrich: siempre fueron ellos los patronos de esta festividad. Además, eran ellos los que definían gran parte del funcionamiento de la ciudad y, entre otras cosas, las horas de trabajo y aquí entra la segunda explicación. Debido a que en invierno los días son más cortos, las jornadas laborales también lo eran. En cambio, en primavera y verano se extendían hasta las 18 horas, así que con esta explicación entra en juego el nombre del festival “Sechs- Uhr-Läuten”, que significa algo así como “la campana suena a las seis”. Como tercera razón, llega hasta el presente la tradición pagana de quemar y dejar atrás el invierno, dándole lugar a la primavera y al verano.

Y así es Zúrich. Festiva y colorida, guardiana de sus tradiciones. Al contrario de algunas creencias populares que afirman que es una ciudad frívola y regida por las finanzas, este festival es tan sólo una pequeña muestra de que los zuriqueses saben encontrar el balance entre trabajo y ocio, y que saben cómo divertirse.