Luego, vivió bajo el dominio de Roma y, más tarde, entre 1348 y 1608, fue parte de las posesiones de la familia Grimaldi de Mónaco. Hoy abarca una pequeña península, forma parte de la preciosa Costa Azul francesa y, para mí, es uno de los lugares más bellos de toda la región que conserva ese no se qué tan difícil de explicar sólo con palabras. Aún con los yates, autos de lujo, celebridades caminando por sus calles y la gran cantidad de turistas, Antibes contiene una cierta elegancia de los años 50 y mantiene su esencia de pequeño pueblo cálido, típico del Mediterráneo, con estrechos caminitos de adoquines, con un castillo y murallas. Ese encanto medieval sigue aquí y no pretende irse.